lunes, 4 de enero de 2021

El pezón de la Pedroche

No sé si a nuestra puritana ministra de Igualdad, le gustara o no, pienso que lo segundo. Tampoco conozco la opinión de su compañero de cama, aunque por la cantidad de líos, juicios y contradicciones que tiene con sus antiguas amigas, imagino que sí, ya que a ellas las usaba y desechaba como si fueran clínex. Lo que si está claro que el vestido de Fin de Año de la presentadora, Cristina Pedroche, le gusta a una muy alta proporción de españoles (a mi entre otros).

El personal, como dicen las encuestas, no conecta con esa cadena, para tomar las uvas, si lo hace para ver con que nos sorprenderá “la Pedroche”. La buena muchachita no solo luce palmito, también con anterioridad al evento, se aplica en ir calentando al personal, bien con lo que llevaba, o mejor dicho no llevaba bajo el vestido en años anteriores, sino su página de Instagram y sus comentarios sobre su afición al nudismo y carencia de recato (como a mí me gusta, que dirían mis hijos)
Este año el vestido era espectacular. Al verlo, al inicio, pensé que llegaba del polo, tras las uvas la imagine en el trópico.
Era inevitable, un mini vestido como el suyo podía deparar cualquier sorpresa. Cristina Pedroche revolucionó las Campanadas enseñando más de la cuenta, en este caso se le “escapó” uno de sus pezones en medio de la retransmisión en directo en Cuatro. Ella no le dio la mayor importancia, “gajes del oficio” cuando una expone tanto su esplendoroso cuerpo. Una anécdota más en su currículum campanero. Las redes sociales ya aclaman la exhibición corporal de una mujer que cuenta con miles de seguidores en Internet. Se lo ha ganado a pulso
La verdad es que yo no se lo vi, ni luego a aparecido en las redes.

Si vi ese vestidito acristalado que mostraba más que tapaba y de donde salían libres como aves sus tetillas traviesas y hermosas y su sonrisa pícara y cariñosa con la que hacer olvidar a millones de españoles los problemas que nos acucian, haciéndoles soñar, un año mas, con lo que lucirá tras las campanadas del 2022, esperemos que ya sin el odiado bozal que ahora nos obligan a llevar.

viernes, 1 de enero de 2021

Una plaza vacía

Ayer, como muy pocos 31 de diciembre, tome las uvas, no me atragante, acabe mi botella de cava, no vi la televisión y muy triste, me fui a la cama.
Era el último día el 2020, un año horrible, nada que celebrar, salvo que acabase.
El reloj de la Puerta del Sol, dio las campanadas ante un público inexistente y un indeterminado número de cámaras de televisión que intentaban, sin éxito, celebrar la llegada del Nuevo Año.

El frio helado de la borrasca “Bella” aumentaba el ambiente de soledad, de desencanto, de tristeza.
La palabras, o mejor las mentiras, de nuestro muy querido Presidente Sánchez, eran una retahíla de falsedades que ya nadie se creía, un “Mantra” malsonante que más y más se perdía en la fría noche de diciembre.
El año, sin paliativos había sido, no malo, horrible. El próximo, salvo la vacuna, que el Gobierno vendía como si hubiese sido él su descubridor, productor y distribuidor de la misma, no se preveía mejor. Pero nadie lo decía.
Tome las uvas, agradecí al “Dios Eterno” el poderlo contar y contemple el Madrid vacío preguntándome si el confinamiento masivo, las leyes de urbanismo, higiene y protección, serían suficientes o una mentira piadosa con las que los gobernantes se protegían sus espaldas culposas.
Pasaron por mi mente la Puerta de Alcalá, el Retiro, Puerta del Sol. Castellana, Gran Vía, Callao, arterias vivas de una ciudad muerta, de una ciudad dolida con su Gobierno Frankenstein, que se preocupaba más en enriquecerse, destruir el País y volver a crear el odio entre los españoles que en gobernar y resolver los problemas.

Puerta de Alcalá

Retiro

Puerta del Sol

Castellana

Gran Vía

Callao
Ni la noche ni el frio me confortan, prefiero el sol, el calor, el cielo azul y el sudor empapándome el cuerpo. Brindo por el 2021, que sea mejor para todos, incluido al Gobierno.

Que el año próximo la Plaza del Sol este rebosante de gente y las calles sean las arterias vivas de todas las ciudades.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

El más inútil a la Generalitat

Ha tenido que terminar el año para que la noticia, por todos conocida, saltara a los medios. El incompetente, mentiroso y enemigo mortal de la autonomía madrileña, ha sido, por fin recompensado con la nominación del PSOE a la Presidencia de la Generalitat Catalana.

Ha pasado un año, un mal año para los españoles y el mismo periodo de tiempo para que el Sr. Illa demostrara que de sanidad no sabe nada, que de gerencial equipos, tampoco, pero lo de atacar a la Comunidad de Madrid, lo de poner trabas, actuar de modo no igualitario, lo de mentir y mentir, todo eso lo hace de cine.
En buena hora hace la maleta y regresa a su Barcelona del alma para, el 14 de Febrero, ganar las elecciones, ser el President de todos los catalanes y sacarlos del hoyo profundo donde el separatismo los ha enterrado.

Animo amigo, aplique su saber y buen hacer a enfangar más el nuevo campo de juego en el que se ha metido (confió que no sea seguidor del Barsa pues con su apoyo lo veo en segunda el año próximo).
Su mentor y buen amigo Iceta estará contento, le quita el enorme problema de tener que gobernar en un tripartito maligno con republicanos e independentistas, usted, compañero, gobernara en solitario, usted se enfundara en la enseña catalana y hará morder el polvo a los odiados madrileños.
Recuerde, cuando mande, que la economía, por no sé por qué extraña razón, se ha volcado hacia el centro, que la banca, la industria y la tecnología, han huido de su tierra y que, por último, la Unión Europea ve con muy malos ojos el afán independentista de muchos de sus amigos.
By, by Sr. Illa, que los astros le sean propicios y que lo que su buen compañero Sánchez le ha regalado en bandeja de plata, no le explote entre las manos como la sanidad nacional y no le obligue a soñar con esos más de 70.000 españoles que no podrán ver y aplaudir sus futuros triunfos.

sábado, 19 de diciembre de 2020

B. A pecho descubierto (O.1)

Cuando parecía que con la acertad labor de la ministra de Igualdad, con sus alegatos en el Congreso y con los despilfarros económicos de sus ministerio en pro y en aras de conocer el sexo de los ángeles, resulta que veo en la prensa la foto adjunta sobre el comportamiento social de la población.
Una jovencita sale a la calle sin camisa y con el pecho al aire y cuantos la rodean, mayoritariamente mujeres se paran y asombran de lo que ven. Si, como sucede después es un joven quien aparece con idéntica vestimenta, o sea sin camisa, nadie se altera siendo un acto natural. Esto, que el ensayo sociológico saca a la luz, pero que nuestra política gritona y las redes sociales ignoran, es lo que pasa.
Primero se metieron con las estadounidenses cuando iniciaron su campaña del “Pezón Libre”, luego contra las adelantadas del top less, más tarde contra los naturistas, siempre atacando a quien tuviese la osadía de enseñar un poco de carne. Siempre yendo contra lo que al pueblo le parecía natural.
La justicia americana desecho la ofensiva contra Pezón Libre y la lógica popular su guerra contra el nudismo playero.


Las redes sociales, la prensa escrita y la autocensura sigue, hoy en día cubriendo a la mujer con manchones negros y permiten, eso si que los caballeros luzcan pectorales para gusto visual y disfrute del sexo contrario.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Solo las paredes (Mr.28)

Un día sin escritura es un día malogrado.
Carmen Martín Gaite
A dónde irán los recuerdos que vivimos juntos.
Ángela Becerra
Llegamos a Luanco en el verano del cincuenta y ocho. Exactamente por San Juan. La casa era preciosa. Al menos así la recuerdo. No en el centro del pueblo sino al lado de la iglesia. Después de la del cura, los Pola, junto a la de los Botas y los Darnis. Tres plantas, todas con ventanas a la calle y pasillos acristalados con vistas al mar por detrás. Allí, un patio al aire libre con grueso muro de contención marina y salida a las rocas costeras.
En la primera un gran recibidor, el enorme comedor, los servicios y la cocina. En la siguiente, habitaciones para todos, amplia zona de juegos y el mirador, justo en el mi abuelo me enseñó a jugar al mus. El, ganaba siempre, tal vez porque me hacía trampas.
Como lo recuerdo la radio sobre el aparador, siempre prendida. En ella escuche la muerte de Marilyn, las Olimpiadas de Roma, el gol de Santillana que dio a España su primera Eurocopa.
En la última, el servicio. Mi madre tenía muchísimo. Cocinera, jefa de servicio, domesticas, cuidadora de niños, planchadoras y alguna más que no recuerdo.
En el patio habitaciones para trastos y bultos diversos. Una era para mí. En ella tenía mis cañas, los fusiles de pesca submarina, los reteles, las nasas. Yo lo que de verdad hacía en Luanco era pescar. Pescaba todo el día.
Me levantaba, si la marea estaba alta lanzaba las cañas por ver que caía. Si estaba baja iba al pedrero por quisquillas y nécoras (mi madre me pagaba una peseta por las capturas). Luego pesca submarina. Por la tarde, con caña al Gallo o los farallones. De noche al puerto. Para el tiempo que gastaba, sacaba poco pero siempre algo.
Años después dejamos la casa, luego el pueblo y al final Asturias. Ley de vida.
Volví cincuenta años después. Iba a nadar la travesía del Carmen. Termine el último, era el mayor. Todo había cambiado: las calles, los comercios, sobre todo las casas. Aquel caserón idílico, donde antaño viví, era un dúplex, eso sí, bastante entonado con el ambiente pero nada parecido al antiguo.
Recordé una frase nostálgica, sacada de algún libro policiaco, sin duda de Philip Marlone, el detective privado que bajo la piel de duro y bebedor, albergaba un ser filosófico y contemplativo, amante del ajedrez y la poesía, pero no tengo la certeza “Uno nunca debería volver aquellos lugares en los que, alguna vez, fue feliz”. Me prometí no regresar.
No lo cumplí. Un buen día Rosa me sorprendió con una noticia de La Nueva España.

Mira, aquella casa en la que veraneabas en Luanco, se quemó. Podías llevarme un día, hace un siglo que no me sacas y al paso que llevamos, pasará otro.
La lleve, solo para ver ruinas, escombros. Las piquetas y buldóceres se llevaron los escombros y solo queda un solar vacío y negruzco.
Lo mire con nostalgia
Esto es una ruina—dijo Rosa—Si al menos se hubiesen mantenido las paredes—

sábado, 5 de diciembre de 2020

Una carta (Mr.27)

El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia.
Francisco Umbral
«Es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado»
Lord Alfred Tennyson
Tuve un amor, mi gran amor, no el único pero si el que más me marco. Me engaño desde el primer día, mejor dicho, me engaño todo el tiempo que estuvimos juntos. Alguna representación lo muestra como ciego. Así era yo y lo admitía.
Los tres primeros años fueron un carrusel de sexo, comprensión, casi amor. Luego nos separamos y pese al refrán de su país de “Amor de lejos, amor de pendejos” seguimos, por casi el doble de tiempo, manteniéndolo, puede que acrecentándolo. Fueron años de viajes, muchos, llamadas telefónicas, y cartas, infinitas cartas.
Una cada día, algunos dos. Tengo aun, no se él porque varios archivadores con todas ellas. Por escrito seguíamos nuestra vida, los problemas, los esfuerzos por volver a reencontrarnos de forma continua.

Al final lo conseguimos. Un conjunto de casualidades laborales, políticas, económicas y sobre todo personales hizo que me prejubilaran mucho antes de lo previsto.
Volvimos juntos y, desde mi enfoque personal, como antes. Pero no. La seguridad algo rompió. Un buen día me dijo vete y por amor me marche. Pensé que era un arrebato, un enfado momentáneo. Fue definitivo.
Ella en un continente, yo en otro. La fluidez de la comunicación escrita se quebró. La intimidad el cariño, desaparecieron. Ni después de pasar tantos años conozco el verdadero motivo. Se pasó de “Mia amor”, mi nombre, o un simple “Amigo” de entrada, a nada. De un beso, un abrazo, un saludo o el mismo nada de despedida Fue de una continuidad a un goteo a algo esporádico y condicionado por una fecha importante. Al final correos electrónicos cargados de enfado, malestar, venganza. Si ya antes no entendía a las mujeres tras ella mi ignorancia se hizo absoluta.
Hoy recibí una carta. Era raro, muy raro Aun antes de rasgar el sobre tenía la total certeza de contenido de la misma. Saque el contenido y lo único que incluía era una hoja en blanco, sin nada. Un adiós como final.
Fue un extraño regalo. Seguro no conocía aquel bolero que decía “Escríbeme, aunque solo sea con borrones, escríbeme”. Al menos estaba viva, seguía sola y rezumaba odio.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Tortilla de patatas (Mr.26)

El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo.
André Giide.
Para crear hay que aburrirse.
Pete Weir
Mi comida favorita, como supondrá el lector, es la tortilla de patatas. No solo es mi bocado por excelencia, además, con la modestia que me caracteriza y me hace valer mucho más, me sale de maravilla.
Según cuentan mis padres mi infancia la pase tomando mandarinas, sopa de ajo y tortilla, eso, por alguna razón me dejo marcado.
La recuerdo siempre. En la Escuela de Minas el pincho de la mañana era un enorme pincho. Ya trabajando, mi desayuno era café con leche y trozo de tortilla. Aperitivos, cocteles, tentempiés, siempre la reina era la tortilla.
No recuerdo cuando cuaje la primera. Si, la que me salió fatal. Mi hermana inauguraba su casa, recién casada y fui ayudar. Era cocinero, pinche, camarero, de todo. Frei la patata, batí el huevo, cuaje la tortilla y, al darle la vuelta, cayó al fregadero. Nadie se dio cuenta. La recogí y, como pude maquille el desaguisado.

Mis experiencias posteriores, cara a la galería, fueron mejores. En Ecuador, en mil novecientos ochenta y tres, durante la elección de Febres Cordero para la Presidencia de la nación, estaba invitado a seguir el recuento en La Casa Vasca, restaurante español de la capital. Cuando ya estaba claro que ganaba, el licor domino la comida. Pedí permiso para controlar la cocina y en ella, con la ayuda de dos pinches que pelaban papas y batían huevos, hice, no se sabe cuántas tortillas. Fue un éxito desde entonces me conocían por eso. ”Hacer torta de papas”
En el 2002, en Costa Rica durante las elecciones municipales, apoyaba a la candidata del PAC (Partido de Acción Ciudadana). Durante el recuento y cuando casi se sabía que sería elegida, alguien dijo que hiciera “Torta de papas “para celebrarlo. Hice muchas. El entonces presidente y fundador en el 2002, Otón Solís me recrimino que al pelar la patata, desperdiciaba con la piel, mucha papa. Tenía razón eran las muchas ginebras que llevaba y su enfado por haber salido una mujer como alcaldesa, encima de su facción critica el, que era un machista de pro (su partido ahora en el poder lo ha sido sin el en la presidencia).
A mí, la tortilla me gusta jugosa y no muy gruesa, del tipo gallego, que dicen.
Últimamente he dejado de hacerla. Bueno, hago muchas menos. Las últimas, cuando fueron. Pues si ávido lector, me acuerdo.
En 2010 se jugó en Sud África el Mundial de futbol. La final la vimos en casa, prepare aperitivos y, como no tortilla de patatas. Gano España con gol de Iniesta, casi al final, y lo celebramos con una nueva tortilla. Esperando la siguiente, y que la veamos.