En el contexto actual, la realidad es que las altas instituciones deportivas no comulgan, de momento, con la tesis del Ministerio de Igualdad. Así, el último reglamento del COI establece que quien quiera participar como mujer tiene que declararse mujer, y que no puede cambiar de género al menos durante cuatro años para la práctica deportiva. Además, fija en un tope de diez nanogramos de testosterona por mililitro de sangre como el máximo que puede tener una mujer para poder participar en pruebas femeninas. Otras federaciones internacionales como las de atletismo, tenis y ciclismo, son más estrictas aún y han rebajado ese límite a la mitad, cinco nanogramos. Y otras, como la internacional de rugby, prohíben taxativamente a las transexuales jugar con mujeres.
La nueva directiva, aprobada por World Rugby el pasado mes de octubre fue muy clara sobre este asunto: “Como ocurre con muchos otros deportes, las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres requieren categorías de rugby de contacto dedicadas para hombres y mujeres por razones de seguridad y rendimiento. Dada la mejor evidencia disponible de los efectos de la reducción de testosterona en estos atributos físicos para las mujeres transgénero, se concluyó que actualmente no se puede garantizar la seguridad y la equidad para las mujeres que compiten contra mujeres trans en el rugby de contacto”, afirmaba en un comunicado.
Algunas jugadoras de rugby también dieron las gracias al organismo internacional por esta decisión que esperan se extienda a otros deportes. “Muchas gracias a la reflexiva Junta pro-ciencia de @WorldRugby, que este pensamiento sano se extienda a otros organismos deportivos. Los deportes femeninos deben limitarse a jugadoras femeninas. Yo soy el número 44”, se puede leer en uno de los “tuits”, acompañado de una imagen que se volvió viral.
La intensidad del debate ha provocado un movimiento de protesta a nivel mundial que llevó el pasado mes de mayo a la publicación del manifiesto de Save Women’s Sports que fue firmado por destacados deportistas de élite y fue enviado al COI.
La ex tenista estadounidense Martina Navratilova, abiertamente lesbiana, es una de las más de 300 firmantes de una carta promovida por la organización Save Women’s Sport para pedir que se limite la competición a las «mujeres biológicas».
La primera página de la web de Save Women’s Sports se abre con una idea clave de su fundadora, la levantadora de pesas norteamericana Beth Stelzer, que dice que defender a las mujeres en el atletismo no es un tema partidista ni religioso. “Si permitimos a varones competir en deportes femeninos, habrá deportes de hombres y deportes de ambos sexos, pero ya no habrá deporte femenino”, señala.
En definitiva, "La Ley española "trans" choca de plano con las normas internacionales del deporte y con los intereses del deporte femenino que ve en ella un lastre para las aspiraciones de sus atletas".








