No basta con saber, se debe también aplicar. No es
suficiente querer, se debe también hacer
Johann
Wolfgang Von Goethe
Cuando a los hombres, de jóvenes, les gustan
demasiado las mujeres, al llegar a viejos se convierten en coleccionistas de
antigüedades. Los cuadros, los libros y el arte pasa a ocupar el lugar del
sexo.
Yo
Aun hoy,
en la antigua biblioteca de la University College de Londres (UCL) fundada en
1826 por Sir Jeremy Benetham, se comenta
que Sir Jerome Corneys, arqueólogo y antiguo alumno de la universidad,
descubrió, en su última expedición a la Palestina de entonces, un recipiente
con parte de las monedas que pagaron a Judas Iscariote por delatar al Mesías,
quien viendo lo que había ocasionado se ahorco.
Sir
Jerome, fue el cuarto hijo de una familia pudiente de la zona de Cornualles
dedicada a la minería. Los dos mayores siguieron la tradición familiar,
ingenieros y explotadores de la riqueza de la zona. La menor se casó, se
doctoro en arqueología y se dedicó a la búsqueda de tesoros.
Tuvo mala
suerte. A su regreso de su última expedición, como buen inglés, dono lo
encontrado al National Arquology Museum. Saliendo de la institución, con todos
los honores científicos y patrios posibles, fue arroyado por un carruaje y
murió en el acto.
Poco
después el museo fue devorado por un incendio y las monedas desaparecieron.
En 1989 la
casa de subastas Dorotheum, fundada en Viena (Austria) en 1707, saco a puja un
lote nominado “las monedas de la biblia”. Eran 29 monedas de plata. Leyendo la
información adjunta el pago hecho a Judas Iscariote, menos una que había
desaparecido.
Según las
actas la adquirio la familia Von Seeckte, controladora del emporio
siderúrgico fabricante de aviones y piezas de artillería bélica.
Paul von
Seeckt, tercer hijo de la familia, aviador militar perteneciente a la Fuerza
Aérea Alemana (Luttwaffe) y gran aficionado a la arqueología fue el depositario
de las monedas.
En 1919,
pilotando un Albatros DV cayó abatido y desapareció en la frontera
Ruso-Alemana.
Se perdió
entonces la pista hasta finales del siglo XIX.
En la
primavera del 2004, la sala de subastas Bonhams de Londres saco, para su gran
venta de verano, el lote de las monedas de plata. Ahora había más información,
eran tetradracmas de plata, ya de gran valor en la época, y salían al mercado
por el módico precio de 5 millones de libras.
No solo
salieron. Fueron adjudicadas telefónicamente a un pujador de Arabia Saudita cuyo nombre se mantendría en secreto.
Las
monedas volvieron al su lugar de partida, oriente medio. Todos sus antiguos
propietarios murieron trágicamente, ninguno en la cama. Una especie de
maldición acompaña a este lote perverso con el que se compró la vida de un
inocente. Hay otras muchas leyendas: sarcófagos egipcios, catanas japonesas,
calaveras mayas, la tumba del gran espíritu de los indios norteamericanos, los
diamantes ensangrentados de África. En todos la avaricia del hombre quiere
estar por encima de las creencias del alma o la candidez de los niños y eso,
normalmente, les lleva a la muerte
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